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sábado, 20 de septiembre de 2008

Democracia, Educación y Terrorismo


En atención a los lectores que solicitaron una opinión respecto de los últimos hechos de violencia en nuestro país, se presenta el siguiente artículo, el próximo sábado retomamos la línea temática anunciada.

En los sistemas democráticos, la educación es la herramienta que usa la administración pública para formar a sus ciudadanos, no adoctrinarlos. Les proporciona herramientas básicas para que interactúen en prospectiva con su entorno natural y social y con ello garantizar la supervivencia armónica de la especie. Con estas herramientas (uso apropiado del código oral, escrito y científico), el ciudadano potencial forma su propia mirada del mundo, acotado por las normas acordadas históricamente. Este sentido de lo educativo institucional, permite a éstas sociedades evolucionar en las ciencias, el arte y la política, al no estar atadas a dogmas o a intereses de grupos en detrimento de los del público ciudadano.

En este espectro de la configuración de los Estados democráticos, ¿dónde se encuentra México?. Desde mi perspectiva, no en la democracia, algunos estudiosos del Estado, el Gobierno y su Administración, lo ubican en transición hacia ella, en lo personal convengo parcialmente con esta aseveración. ¿Por qué no somos una democracia?, primero, por que no contamos con instituciones con el poder de aplicar la norma, basta con recordar el papel del IFE en las anteriores elecciones, al permitir la intervención ilegal del Consejo Coordinador Empresarial en el proceso, quien como grupo de choque desató una guerra de spots contra un candidato presidencial, guerra por cierto, que coincidió con la estrategia, también ilegal, del poder ejecutivo. Otro ejemplo de institución subordinada, igualmente al poder ejecutivo, y que en un sistema democrático debiera ser contrapeso de los poderes instituidos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), es la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que como en el caso de la aprobación de la ley del aborto en el Distrito Federal, hacen el papel de defensores de dogmas de grupos religiosos.
Es decir, no somos una democracia, por que no tenemos un andamiaje institucional que permita que los poderes estén acotados y sometidos al escrutinio público a través de organismos independientes.

Otra razón del por qué no somos una democracia, es la falta de servidores públicos con sentido institucional, lo que algunos llaman teóricamente estadistas. Esta falta de cuadros profesionales, provocó por ejemplo, la guerra en la que nos encontramos, no llegamos a este estado de cosas por un castigo de Dios, fue por la mala decisión de una autoridad pública, el presidente de la república, quien sin una estrategia de Estado, declaró la guerra al narcotráfico, pensando que con militarizar al país, el crimen organizado se rendiría. Malos aprendices resultaron los panistas, ya que cuando algunos estrategas políticos recomiendan que el nuevo presidente debe mostrar su poder, se refieren, por ejemplo, a cuestiones como las realizadas por Salinas de Gortari al quitarse de encima a la Quina. Es lamentable, pero la combinación que gobierna a nivel federal da temor: malos políticos, pésimos y corruptos servidores públicos; el resultado, decisiones irresponsables.

Hoy, la sociedad mexicana es el campo de batalla donde se desarrolla la guerra iniciada por el ejecutivo, donde el miedo es la sangre que empieza a empapar nuestros cuerpos. En lo personal, sin demeritar el número de ejecutados que a diario aparecen, el miedo radica, en la decisión que el ejecutivo pueda tomar, ya que discursos basados en la fuerza del Estado, las victorias de papel construidas mediante spots o, el aumento del presupuesto para la compra de armamento, son malos augurios, basta con ver a nuestro vecino del norte y su aventura teñida de fracaso en Irak.

Así, una estrategia de combate al crimen organizado, basada solo en el uso militar de la fuerza del Estado, es un error y un fracaso garantizado. Se tiene que diseñar una política que incluya por lo menos: la lucha contra la pobreza, la formación de ciudadanos a través de la educación pública, la creación de instituciones fuertes y el blindaje de las elecciones de recursos de dudosa procedencia. De no cambiar la actual estrategia, hacia una política de Estado, se corre el riesgo de que México deje de pertenecer a sus ciudadanos.

Los actuales ocupantes de las sillas ejecutivas, tanto federales como estatales, se van, concluyen sus sexenios, sin importar el número de muertos, pero los demás seguimos siendo mexicanos en México, los políticos pueden darse el lujo de radicar en el extranjero o en fortificaciones, usted y yo, seguramente, no.

7 comentarios:

  1. Fabio Fuentes Navarro21 de septiembre de 2008, 12:05

    Muy estimado Oswaldo A.

    En lo personal, agradezco el tiempo que dedicas en propiciar la reflexión y crítica desde el espacio ciudadano, la esfera pública.

    Aprovecho para expresarte que leí con atención el texto que publicas en tu columna “Educación en la mira” en Política al día este sábado 20 de septiembre de 2008, cuyo título es “Democracia, Educación y Terrorismo”.

    Respecto a lo que expresas, en lo particular coincido en lo siguiente:

    a) No vivimos en una democracia plena ni el Estado mexicano es democrático. Esta transición hacia la democracia, no obstante, me parece que —en contraste con otros países— está resultando demasiado costosa a la ciudadanía precisamente, por la participación inédita de nuevos actores en la configuración de este cada vez más borroso Estado. Específicamente me refiero a la delincuencia "organizada", que, evidentemente, está infiltrada en el ámbito de las agencias estatales. Como es el caso de los cuerpos policiacos

    b) La ausencia de legitimidad social —quizá legal también— de los poderes públicos deriva —pienso— cuando menos de dos acciones inherentes en el trayecto de la configuración de un Estado Liberal Democrático: el adelgazamiento de las funciones del Estado y sus agencias, y, ergo, la subordinación de éstos frente a los intereses del sector privado —no de los intereses de la esfera pública— en un intento de democracia simulada.

    c) La carencia de líderes con conciencia pública es evidente en México. En nuestra fallida democracia representativa, los “representantes” de los ciudadanos —amén de otros— muestran ignorancia no sólo de los problemas públicos, sino de las estrategias y acciones para resolverlos. Lo cual me lleva a pensar en una falla previa: la formación de sujetos desde el ámbito educativo. Bajo esta idea —y con apoyo en otros andamiajes— considero que nada más alejado de la ciudadanía y de la democracia como la “institución escolar”, la escuela. La escuela real, la escuela de nuestros hijos, es antidemocrática, es injusta y es inequitativa. Esta escuela no contribuye a la formación —inauditamente— de la ciudadanía y mucho menos al desarrollo de la conciencia colectiva. Entonces, ¿cómo esperar estadistas o representantes ciudadanos sin esta conciencia? Bueno, te invito a que revises la amplia cantidad de jóvenes —no por ello excluibles— en las agencias del Estado o en las organizaciones políticas cuyas acciones —más bien aspiraciones políticas— reflejan todo menos conocimiento de los problemas de interés “público”, y si grandes dosis de protagonismo y ausencia de criterio personal.

    Ahora bien, en lo que contrasto contigo es concomitante a lo anterior. No sólo los panistas resultaron malos aprendices, sino también aquellos que desde el ámbito de la iniciativa privada —cuya constitución identitaria, por emerger de este espacio, soslaya inexorablemente el reconocimiento del interés público— ahora resultan autoridades en alguna agencia del Estado, intentando “resolver” los problemas de orden público. Y resultan malos aprendices porque no “han aprendido” que sus acciones como autoridades del Estado deben orientarse a lograr el mayor bienestar público, y no el de unos cuantos (el de sus cercanos o familiares). En fin… esto es más que recurrente, ¿no lo crees así?

    Nuevamente, agradezco tu valioso tiempo por provocar(me) estas reflexiones. Espero que este texto lo socialices todavía con un mayor número de personas. Vale la pena hacerlo.

    Recibe un saludo cordial y un gran abrazo para ti y tu familia.

    Atentamente
    Homines dum docent discunt
    Fabio Fuentes Navarro

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  2. Agradezco tus comentarios.
    Respecto de la afirmación "malos aprendices", era una expresión sarcástica para referirme a que incluso, el equipo en el poder ejecutivo, desconoce los planteamientos básicos de la negociación política y aplican criterios de orden económico para sustentar decisiones políticas, por ejemplo el costo-beneficio.

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  3. Estimado fabio,
    respecto de la formación de la ciudadanía desde las escuelas públicas, sin duda es una asignatura pendiente.
    Ya que no bastará con demostrar racionalmente que la actual voracidad de los grupos en el poder, pone en peligro nuestras sociedades humanas (ya que este estado de cosas es resultado intencional de sus decisiones), será necesario intevenir de forma decidida y con visión de largo plazo en la construcción de una nueva civilización.
    Algunas de las cosas que de forma inmediata podemos hacer es, promover líneas de investigación-intevención relacionadas con la formación de la ciudadanía en las escuelas públicas, o bien, adoptar escuelas, para dotarlas desde la sociedad civil, de herramientas provenientes de diversas áreas de las ciencias, no se trata de donar DINERO, sino comprometerse con darles tiempo, creatividad, conocimientos y visiones del mundo.
    Si logramos incidir por lo menos en una escuela o un grupo, tendremos la posibilidad de establecer redes de diálogo, a partir de experiencias exitosas en la formación de ciudadanos. Las redes de diálogo a su vez se podrán constituir en polos de interpelación, locales y globales y con ello incidir en la construcción de las agendas públicas y gubernamentales.
    Pasar del análisis a las propuestas en acción es ya una URGENCIA.

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  4. Me pareció muy interesante.

    ¿Con educación se podrán combatir problemas tan graves como la corrupción?, el burocratismo?, la inseguridad? y el desinterés político por éstos males?, que lejos de preocuparles su exterminio, les preocupa más que dejen de existir?.

    Pues si éstos males de la sociedad se terminan, cuál sería ahora el rol de ellos?.

    Tal parece que en nuestros días a los políticos sólo les interesa que éstos males existan, pues en qué otra cosa apoyarían sus "magníficas" campañas y actos proselitistas.

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  5. Fabio Fuentes Navarro23 de septiembre de 2008, 22:15

    Muy estimado Oswaldo.

    Respecto tu comentario (del día 22) que haces acerca del mío (del día 21), te expreso lo siguiente:

    Nuevamente pones en el centro de la discusión temáticas que provocan la reflexión y que incitan —en algún modo— a la dinamización y re-configuración de estructuras, ideas, procesos, identidades, sentidos y sujetos de la educación y de lo educativo. Una de ellas, la que más me provoca reacciones, es la que alude a la formación de la ciudadanía en la escuela, que según tu opinión sigue siendo una asignatura pendiente.

    Ahora bien, te comento que si bien es cierto que la formación ciudadana resulta una práctica casi invisible, incipiente y asistemática en los centros escolares, también es cierto que ante el exceso recurrente —y muy visible mediáticamente— de actos que degradan la condición humana, cualquier intento aislado e improvisado orientado a la formación cívica-ética y cívica-política de los estudiantes desde los espacios escolares, me parece que resulta sólo eso: una buena intención.

    Sin embargo, para resolver esta problemática —y así solucionar otras concomitantes— tú nos propones dos alternativas: a) promover líneas de investigación-intervención relacionadas con la formación de la ciudadanía en las escuelas públicas, y b) adoptar escuelas, para dotarlas desde la sociedad civil, de herramientas provenientes de diversas áreas de las ciencias.

    Respecto a la primera sólo te comento que algunos organismos, institutos y asociaciones públicos y privados ya tienen líneas de investigación y trabajos realizados (e.g., el COMIE, el COLMEX, etcétera).

    Y respecto a la segunda —motivo principal de este comentario— te expreso que me resulta una propuesta, además de atrevida, muy sugerente para tratar frontalmente el asunto de la formación ciudadana desde los espacios escolares de la educación básica.

    No obstante, estimado Oswaldo, me parece que una estrategia de esta naturaleza subvierte sustantivamente la idea que se tiene respecto a la educación como bien público, pues la adopción de una escuela por la sociedad civil, con la intención de que responda con eficiencia y pertinencia a las demandas ciudadanas que el Estado no puede cumplir —e.g., la formación ciudadana—, implica asumir una serie de supuestos de distinto orden y naturaleza, como los siguientes: la intervención del mercado en su financiamiento y la participación de grupos religiosos en su sostenimiento. Lo cual también supone asumir, cuando menos, la idea de una reforma institucional en el ámbito educativo. Lo cual, en lo personal, te comparto, no es motivo de mayor discusión, pues en algún modo, esto —como bien sabes— sucede en la educación superior.

    Lo que me parece, a este respecto, que debe ocupar el centro del debate y la reflexión, consiste precisamente en concretar el imaginario que expones en tu comentario: “Si logramos incidir, por lo menos en una escuela o un grupo, tendremos la posibilidad de establecer redes de diálogo, a partir de experiencias exitosas en la formación de ciudadanos.” En esta virtud, considero que, efectivamente, el asunto a tratar —desde la convergencia de múltiples perspectivas: de Estado, de mercado, educativas, filosóficas, sociológicas, etcétera— no es el financiamiento de la escuela o su sostenimiento, sino precisamente el tipo de ser humano o ciudadano que se pretende formar. Y aunque, al igual que tú, reconozco que lo simbólico y el espacio físico sobredetermina la subjetividad o la constitución identitaria de los sujetos —maestros, estudiantes, directivos— pienso que el sentido vigente de la escuela, como espacio privilegiado para la educación, resulta insuficiente para dar cuenta de lo que, en el ámbito de lo real, está sucediendo en ella.

    Para concluir mi reflexión a tu comentario, te pregunto: ¿cuál sería, entonces, el sentido de la escuela en el marco de un Estado que poco puede hacer por ella y ante mercado que, aunque quiera, no resuelve todo lo que ella necesita para la formación ciudadana?

    Nuevamente, agradezco tu atención y, claro, tu provocación.

    Saludos cordiales a tu familia.

    Atentamente
    Homines dum docent discunt
    Fabio Fuentes Navarro

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  6. Estimado Fabio y Anónimo
    Agradezco el tiempo que invierten en la presente discusión.

    El sentido que anima este intercambio público, es promover un espacio que nos ayude, por un lado, a construir propuestas factibles de implementar y, por otro, a interpelar a ciudadanos, para que aunque sea desde el anonimato expresen su voz, ya que el supuesto teórico que subyace a este ejercicio es que desde la educación si se puede transformar el actual estado de cosas.

    Este intercambio en tanto espacio social-virtual, es una primera condición para crear un red que haga del análisis de lo cotidiano, una vía para canalizar la insatisfacción con el actual estado de cosas, sin duda, es ya pensamiento en acción.

    Ahora bien, estimado Fabio, respecto de la formación ciudadana, afirmo que es una asignatura pendiente, toda vez que las políticas educativas vigentes apuntan únicamente a la enseñanza de los códigos básicos (oral, escrito y científico), lo cual convierte a la educación básica, por ejemplo, en un espacio de capacitación técnica y no en la oportunidad para que en ella se formen ciudadanos. Por ejemplo, resulta indignante que se argumente, que con la incorporación de la Educación cívica y ética, se resolverán los problemas de violencia en el que se encuentra inmerso el país. Es decir, ante problemas complejos, la autoridad pública reacciona con respuestas simples. Formar ciudadanos, no es incorporar nuevas asignaturas, ni nuevas metodologías, es simplemente colocar en el centro de la discusión los fines de la educación, es decir, ¿por qué el Estado debe proporcionar educación básica obligatoria?

    En cuanto a las dos propuestas, que a modo de provocación planteaba, difiero contigo respecto de tu afirmación relacionada con la primera, a decir: “algunos organismos, institutos y asociaciones públicos y privados ya tienen líneas de investigación y trabajos realizados (e.g., el COMIE, el COLMEX, etcétera)”, ya que no me refiero a líneas temáticas, sino al enfoque de la investigación, que denominaba de manera genérica investigación-intervención, en tanto perspectiva política de transformación de la realidad, y adelantándome a una posible respuesta, no es, investigación-acción. Dos elementos, adelanto, pueden caracterizar el enfoque de investigación-intervención para la formación de la ciudadanía, el primero, el investigador se ubica en el campo que construye como problema y, segunda su intención es hacer que los otros se apropien del mundo; no es para titularse o para ganar puntos en carrera magisterial o productividad, ni para adoctrinar hacia la izquierda o derecha.

    Respecto a la segunda propuesta, la adopción ciudadana de escuelas, comento que, por supuesto cuestiona el rol actual del estado, pero retoma el supuesto que la democracia no se agota en el ejercicio electoral, y que, como lo plantea la constitución, es un estilo de vida, es participación. Es decir el Estado, no es el gobierno o la administración pública, es aquello que históricamente hemos ido construyendo como valioso. Difiero en tu afirmación, que esto implicaría una “intervención del mercado en su financiamiento”, ya que la adopción de escuelas, como lo especificaba, no implicaría la donación de recursos económicos, sino de tiempo, creatividad, conocimientos y experiencias, con el fin de formar ciudadanos, no para obtener ganancias monetarias, deducciones de impuestos o grupos adoctrinados como base para acceder al poder público.
    Así pues, la realidad actual nos obliga a volver la mirada a los fundamentos teleológicos y axiológicos de la educación básica.
    Gracias nuevamente por el tiempo invertido.

    Invitamos a otros a participar en este ejercicio ciudadano.

    Oswualdo A. G

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  7. HOLA JEFE OSWUALDO! MI OPINIÒN ES... ME ATRAPA ESE TEXTO, (HOLA FABIO, LE DAS EL KILO A OSW, MUY BUENOS TEXTOS, TAMBIÈN ME HACEN REPENSAR)
    PUES SÌ... YO CREO EN LA FORMACIÒN CÌVICA Y ÈTICA CONSTRUIDA DESDE LA INSTITUCIÒN... A PARTIR DE PROYECTOS DE VIDA... Y CONSIDERO QUE TENER CLARO EL PERFIL DE HOMBRE QUE ESTAMOS FORMANDO ES LA BASE PARA CONSTRUIR JUNTOS DESDE NUESTRAS TRINCHERAS LA DEMOCRACIA COMO FORMA DE VIDA... DESDE LAS AULAS.
    CON RESPECTO AL TERRORISMO EN QUE CAIMOS, TODOS LLEVAMOS PARTE DE LA RESPONSABILIDAD... TERRORISMO EN LAS AULAS... QUÈ TAL? ¿EXISTE?... CLARO! TERRORÌSIMO TERRORISMO DESDE LAS RELACIONES DE PODER QUE SE ESTABLECEN EN UNA INSTITUCIÒN...
    FORMACIÒN CÌVICA Y ÈTICA? O CULTURA CÌVICA Y ÈTICO-POLÌTICA?... LOS DEJO... Y ESPERAMOS MÀS OPINIONES... HAY QUE EMPEZAR A TEJER LAS REDES...

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