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domingo, 28 de diciembre de 2008

Competencias II

Retomando la temática del artículo anterior cerraremos con algunos planteamientos del Observatorio Ciudadano de la Educación respecto de la NOM.

Observatorio plantea “el problema es que con la NOM se busca convencer a los actores educativos, y a la sociedad en su conjunto, acerca de que se necesitan más evaluaciones y certificaciones para mejorar la calidad en la educación básica, cuando el sistema educativo cuenta con el instrumental necesario para evaluarse y mejorar, desde luego, perfectible. Este instrumental ha venido ofreciendo un diagnóstico de las debilidades y problemas de la educación en México para la mayoría de niveles educativos, que en el caso de la educación superior al menos está ayudando a distinguir a las universidades que se encuentran en condiciones de impartir una educación “de calidad”, de las demás (como las llamadas “patito”). A partir de los resultados encontrados lo que ahora toca es pasar al plano de la acción concreta sobre los procesos educativos. Los autores y promotores de esta NOM parecen desconocer la organización del sistema educativo, las atribuciones legales de la SEP y de los estados, así como de los instrumentos con que cuentan para evaluarse. Pretenden crear todo un organismo, la CNACE, superpuesto al sistema educativo que, bajo el pretexto de “normalizarlo” y de hacerlo avanzar hacia una gestión más eficiente, dislocaría el rol de la autoridad, la actual distribución de las responsabilidades y la organización del sistema educativo. Al aparecer la SEP como el único "proveedor", se está eximiendo a los maestros –y a otros actores claves– de la responsabilidad por los servicios educativos brindados. Es absurda la pretensión de que el SNTE actúe como "verificador", cuando esto tendría que ser atribución de la SEP. Esto, además de crear una burocracia adicional, cuya eficiencia no se ve por qué sería mayor a la de la burocracia ya existente. La propuesta de la NOM presenta muchos aspectos imprecisos, confusos y desafortunados. Uno de los puntos más débiles de todo el diseño es el de la formación o capacitación de los “auditores” y su “certificación”. La pregunta que aparece es cómo van a certificarlos en una materia tan compleja como es la evaluación de los procesos educativos, y si no acabarán repitiendo los esfuerzos que por décadas ha llevado a cabo el sistema educativo por formar a sus evaluadores, directores y supervisores. En sus actuales términos y procedimiento, aceptar que prospere la NOM no permitirá su discusión en espacios plurales, por ejemplo, en el Congreso, en donde se pongan en juego argumentos que conduzcan a una discusión que refleje otras visiones aparte de la oficial SEP-SNTE; sus estándares conducirán a un efecto homogeneizante de los educandos, cuando México es un país en el que precisamente lo que se requiere es capacidad de creatividad e innovación y flexibilidad en la oferta para hacerla pertinente a su enorme y valiosa diversidad; además, suscita preocupación que esta propuesta se haya incluido, sin mayor explicación ni fundamentación en el Programa Sectorial 2007-2012. Observatorio juzga que es urgente que la SEP, a nivel de su titular, tome una posición al respecto.”

Finalmente es importante poner en nuestras mesas de discusión la NOM y el enfoque curricular centrado en “Competencias” el cual parte del supuesto que todo puede ser traducido a la “práctica” y que es en ella donde se hace evidente “la enseñanza”. Un riesgo, es que con esta política gubernamental el problema de los bajos resultados seguramente será achacado a los usuarios del servicio educativo sin tomar en cuenta sus contextos de desarrollo.

2 comentarios:

  1. Algunas coincidencias entre los fines Pasados, Presentes y Futuros de la Educación
    E. Aurora Hakim Vista 14/10/08

    La escuela pública y privada, de cualquier parte del Universo:

    · ¿No integra la empresa humana más grande del planeta?

    · ¿No se le ha conferido, por siglos, la acción social más relevante, como la de formar seres integrales y felices, capaces de construir conocimientos, desarrollar habilidades y mostrar valores y actitudes de alto orden?

    · ¿No ha pretendido enseñar bien, más que centrar la atención en las formas en cómo aprenden los estudiantes, para así diversificar y favorecer entornos de aprendizaje pertinentes?

    · ¿No ha querido mejorar el bien común de los ciudadanos, a partir de trabajar en equipo, en comunidades de aprendizaje para así, fortalecer el: aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir con los demás?

    · ¿No ha buscado con toda vehemencia que los educandos aprendan para saber hacer frente a los desafíos que la vida le presente en cualquier escenario y a cualquier edad?

    · ¿No evalúa conocimientos, habilidades y destrezas, actitudes y valores desde hace muchísimos años?

    · ¿Estamos satisfechos con los niveles de logro académico obtenidos por las alumnas y los alumnos de nuestros países latinoamericanos, de México, de Veracruz?

    · ¿Cuáles son los multifactores que -dependen exclusivamente del contexto escolar- que no permiten alcanzar la calidad tan anhelada en el ámbito educacional?

    · ¿Que ofrecemos en la escuela: un servicio -público o privado-, un bien común y derecho insoslayable de todo ciudadano o ambos?

    · Los padres y madres de familia ¿no tenemos el derecho y la obligación de contar con una rendición de cuentas del servicio que pagamos a través de nuestras contribuciones al Estado-Nación?

    · Fortalecer el trabajo entre pares, como estrategia de formación continua y de desarrollo profesional de las y los docentes desde las distintas funciones que realizan y dentro de las escuelas ¿no posibilita el desaprender para aprender desde las múltiples y diversas experiencias del propio profesorado?

    · ¿Por qué persistimos a resistirnos a ser evaluados, cuando es una de las acciones que de manera permanente y a cada momento es lo que las y los docentes realizamos desde que ingresamos al aula?

    · ¿Por qué no arriesgarnos -como en otros momentos lo hemos hecho- a probar maneras distintas de hacer las cosas -para el bien individual y colectivo-, cuando lo obtenido en la última década del siglo pasado y primeros años del Siglo XXI, denotan los grandes fracasos obtenidos en la tarea más humana de lo humano, como lo es la EDUCACIÓN?

    Parafraseando a Hugo Assmann, uno de los principales representantes de la Biopedagogía:

    "La educación que tenemos es un peligro para la humanidad, al haber perdido su encanto, por ello necesitamos re-encantarla… reconocernos como "aprendientes", es decir, como sujetos que aprenden a cada momento a lo largo de su vida y a través de cada experiencia suscitada..." y diría yo, hasta el último de nuestros suspiros...

    Grandes preguntas que tenemos pendientes por contestarnos:

    · ¿Qué tenemos y debemos hacer para re-encantar la educación de hoy?

    · ¿Qué políticas gubernamentales y educativas, y cuáles acciones son indispensables y urgentes desdoblar para poder alcanzar las metas acordadas en 1990, respecto a la Educación para Todos (EPT)?

    · ¿En qué parte se perdió la "VOCACIÓN DOCENTE"?, donde al decir de Octavio Paz:
    "...la vocación más que un proceso intelectual es algo sobre todo afectivo, vinculado principalmente con las emociones, con el espíritu, con la esencia humana."

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  2. Fabio Fuentes Navarro3 de enero de 2009, 13:25

    Muy estimado Oswaldo.

    Respecto al contenido de tus recientes artículos en Educación en la mira, y a los comentarios que éstos han generado en el sector especializado, en lo que sigue expreso una serie de ideas y posicionamientos que considero contribuyen a la reflexión, al debate académico y a la inteligibilidad de la temática que propones en tu discurso, que a mi juicio se sintetiza en el nuevo modelo educativo centrado en competencias.

    Mis apreciaciones, te aclaro, las elaboro a partir de una serie de trabajos en esta línea a partir de plataformas analíticas discursivas con acento en lo político en combinación con el enfoque de política pública.

    En esta virtud, y como inicio, me parece relevante precisar que, en razón de que la noción competencia es polisémica, su uso indiscriminado desde el campo educativo provoca una serie de ambigüedades y confusiones que se concretan en prácticas discursivas institucionales, formativas, docentes y pedagógicas improntadas por la evidente presencia de desaciertos, incoherencias, inconsistencias y discontinuidades.

    Indiscutiblemente, la noción competencia no significa lo mismo para la alianza SNTE- Presidencia que para otras organizaciones gremiales, tampoco significa lo mismo para el sector industrial que para el sector educativo, y mucho menos significa lo mismo para el educador y el formador de docentes que para el estudiante. Es más, hay diferencias sustantivas respecto a las competencias en la educación entre un maestro de una escuela pública y el de una privada, entre un maestro universitario y un maestro normalista, entre un maestro del área de humanidades y un maestro del área económico-administrativas.

    En consecuencia, si algo distingue al discurso político y educativo del modelo educativo con base en competencias, que se intenta concretar en el marco del Sistema Educativo Nacional, incuestionablemente es la diversidad conceptual, la pluralidad de sentidos y el exceso de diferenciales semánticos; lo cual, desde el ámbito de la academia constituye un conjunto significativo de referentes para el ejercicio docente e investigativo en distintas áreas (filosofía y teoría de la educación, curriculum, análisis de políticas educativas, diversidad cultural, equidad educativa, formación de sujetos, etcétera).

    No obstante, dicha diversidad, pluralidad y excedente de sentido, en el plano de la concreción curricular en los diferentes niveles educativos (preescolar, secundaria y bachillerato), genera incertidumbres y provoca tensiones que se materializan en la reducción del enfoque de las competencias a la “enseñanza de saberes prácticos”, a la entronización del saber procedimental y a la instrumentalización tecnicista de las prácticas educativas y pedagógica y, como consecuencia de ello, a la simplificación de los procesos de evaluación del aprendizaje a procedimientos de verificación de los mismos por agencias que no son educativas y, en algunos casos, tampoco públicas, sino que provienen del campo de la ingeniería y del sector privado.

    De ahí que, estimado Oswaldo, coincido plenamente contigo cuando en cierto modo señalas que asumir acríticamente el discurso político de la alianza SNTE-SEP en la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE), y que refiere a la “necesidad” de arribar a un modelo educativo basado en competencias, supone “cometer el error de aceptar que el ¿cómo?, es la esencia de la educación, olvidando los ¿qué?, ¿para qué? o ¿por qué?”.

    En sincronía contigo, debo decir que en lo particular me resulta claro que las intenciones que subyacen a la implementación de este modelo —del cual no descarto sus posibles beneficios desde otros ángulos de análisis y ámbitos de concreción— derivan de la ideología conservadurista de la corriente política que desde el año 2000, amén de que gobierna el país, está intentando hegemonizar el discurso de la educación pública en tanto proyecto político-empresarial-sindical-educativo; esto a través de los acuerdos de cúpula en los que el beneficio público, objetivo de toda política pública, se soslaya por intereses de los grupos que pactan, primordialmente el SNTE y los representantes del conservadurismo.

    Si bien es necesario dotar de nuevos sentidos a la educación, pienso que el discurso que subyace a las prescripciones de que los distintos niveles educativos deben migrar a un modelo con base en competencias, amén de que representa la hegemonía de un gremio magisterial —el SNTE— sobre la educación y lo educativo —amén de otros sectores como el de la salud , e.g. el ISSSTE—, da cuenta de que los intereses políticos (de politics) que se logran y acuerdan en la negociación y cabildeos en claroscuro, son más significativos, relevantes y plausibles que los beneficios públicos y de interés público que inexorablemente derivan de los procesos y las prácticas de formación humana, de la educación pues. Sin embargo, ahora una organización gremial, legitimada por el conservadurismo en la cúpula política, es quien prescribe el sentido de la educación pública y no el Estado Mexicano, es quien prescribe cómo deben ser formados los ciudadanos mexicanos soslayando, incluso, la amplia diversidad cultural y étnica en el campo educativo nacional —que en lo personal me parece el punto neurálgico de la implementación de un modelo educativo con base en competencias.

    Para finalizar, te comparto un esquema básico que elaboré hace algunas semanas y que pienso refleja la emergencia y continuidad de este modelo en el marco del sistema educativo nacional. Obviamente es un trabajo en proceso, así que si gustas complementarlo, te lo agradeceré sobremanera.

    Nuevamente estimado Oswaldo, agradezco profundamente tu interés por mantener viva la crítica, la reflexión y el debate público de la educación a través de este importante espacio real-virtual: Educación en la Mira. Recibe un cordial abrazo y mis mejores deseos para ti y tu familia para el próximo 2009.
    Con sincero afecto.
    Fabio Fuentes Navarro.

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